Palos de ciego

Te marchaste diciendo que me querías
me suplicaste hasta de rodillas
pero abriste tu corazón a quien no debías:
a ésta incrédula, de quien nadie se fía.
Ahora, esta angustia me pesa
como lacra que no cesa
por callarme cuando no debía
por no gritar lo que por ti sentía.
Hay ocasiones en que no me comprendo
parezco ajena a mí en todo momento
ni se, por donde me da el viento...
¡voy dando palos de ciego!.
Pienso que si es bueno, no es para mí
que estoy demasiado acostumbrada a sufrir…
He puesto tantas veces mi mejilla
como para ofrecer la otra,
sin que me pongan la zancadilla.










tibetanox dijo
¡Hay amiga! El ser humano ya los sabes ...es el único que tropieza dos veces en la misma piedra ,alguna vez tendremos que levantar la espada y decir :¡se acabó! de esta no pasas ,te corto la cabeza.
Besos
23 Marzo 2009 | 11:46 AM